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Juan Manuel Rodríguez


Juan Manuel Rodríguez

Don Juan Manuel Rodríguez nació en San Salvador, el 31 de diciembre de 1771, como descendiente de la unión ilegítima de Josefa Rodríguez y el colombiano Pedro Delgado, oriundo del departamento de Panamá, quien le suministró recursos suficientes para adquirir una esmerada educación.
 

Luchador por la libertad patria en el movimiento del 5 de noviembre de 1811, al lado de su medio hermano José Matías Delgado, Manuel José Arce y los sacerdotes Aguilar, el fracaso de esta intentona, en la que se desempeñó como secretario de los golpistas, no lo desmotivó en sus empeños libertarios.

 

En 1813, junto con el padre Delgado y Santiago José Celis redactaron una carta dirigida al independentista y sacerdote mexicano José María Morelos, con la finalidad de acercar a ambos movimientos libertarios. Este documento se constituyó en una de las pruebas en su contra, en el juicio por infidencia seguido por las autoridades imperiales españolas.

 

Electo alcalde primero de San Salvador, jefatura que detentó en compañía de Pedro Pablo Castillo, ambos dieron notable impulso a un nuevo intento insurreccional el 24 de enero de 1814. Controlado el movimiento por las autoridades españolas, sus cabecillas tuvieron que fugarse -como fue el caso de Castillo- o ser reducidos a prisión tras los juicios respectivos.

 

Seis años permaneció Rodríguez en la cárcel, tras los cuales fue indultado por las autoridades españolas, cuya salida le permitió reincorporarse a las redes familiares clandestinas que motivaban la emancipación centroamericana de la corona española. Tras la firma del Acta de Independencia en Guatemala, fue vocal de la Junta de Gobierno de la Provincia de San Salvador, instalada a partir de noviembre de 1821. Sin embargo, la anexión de Centro América al imperio mexicano del brigadier Agustín de Iturbide impidió el funcionamiento pleno de esa asamblea local, en la que había representantes de ciudades como San Salvador y San Miguel.

 

Ante la anexión forzosa, Rodríguez, Arce, Rafael Castillo, Cayetano Bedoya y otros marcharon hacia Filadelfia y Washington D. C., a fin de solicitar la inclusión de la antigua intendencia de San Salvador en los Estados Unidos de América, gestión diplomática que no progresó más debido a la caída de Iturbide y su Imperio del Septentrión (1823). Desde suelo estadounidense, el 19 de agosto de 1823 dirigió una memorable carta-estudio a los munícipes costarricenses de Cartago, para lanzar una advertencia sobre posibles movimientos europeos para intervenir de nuevo en Centro América y hacer retroceder la emancipación alcanzada.

 

En su ausencia, fue electo diputado ante el primer Congreso Constituyente del Estado de El Salvador, cuyo cuerpo colegiado lo eligió, el 22 de abril de 1824, como el primer Jefe Político de El Salvador, desde cuyo cargo ejecutivo dispuso la aplicación del decreto de abolición de los esclavos, promulgado en el último día de 1823, a la vez que tomaba parte en la instalación del Tribunal Supremo de Justicia y en la redacción y promulgación de la primera Constitución salvadoreña, elaborada entre los muros del antiguo convento franciscano de San Antonio (ahora Mercado Ex Cuartel), sede original de los tres poderes estatales salvadoreños.

 

Además, promovió el ingreso de la primera imprenta de mano con que contó el país (junio de 1824) y en la que se editó el primer periódico nacional, Semanario político- mercantil de San Salvador, aparecido el 31 de julio de 1824 y dirigido por el Presbítero, político, diputado federal y nacional Miguel José de Castro y Lara (1775-1829).

 

Con amplias garantías para los ciudadanos, entregó la jefatura política del estado en septiembre de 1824 y convocó a elecciones, en las que resultaron electos Jefe y Vicejefe de Estado Juan Vicente Villacorta y Mariano Prado, quienes empezaron a fungir en diciembre de ese mismo año.

 

Apoyó a las autoridades estatales salvadoreñas opuestas a las disposiciones del general Manuel José Arce y su gobierno federal, por lo que no dudó en apoyar el creciente movimiento revolucionario encabezado por el general y caudillo hondureño Francisco Morazán, cuyas acciones desembocaron en el gobierno de los diez años (1829-1839) y en consecuentes guerras intestinas.

 

Tras militar durante años en el partido de los “fiebres” o “exaltados” (como se les denominaba popularmente a los integrantes del bando liberal) y desempeñar los cargos de senador, consejero de Estado e inspector general de Hacienda y Rentas Federales Estancadas, se retiró a la vida privada.

 

Soltero hasta sus últimos años, residió en su hacienda “San Jerónimo”, jurisdicción de Cojutepeque, donde vistió el hábito terciario de la Orden de San Francisco de Asís, se entregó a obras de caridad y murió el 12 de junio de 1847.


Sepultado en el cementerio de la parroquia local, su defunción fue asentada en los archivos eclesiásticos locales por Blas Roca. A mediados de la década de 1960, ese documento fue descubierto por el investigador salvadoreño Julio Escamilla Saavedra.

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